Tratando de entender para qué sirven los blogs
¿Cuál fue el peor día de tu vida? (parte II)
Eso de que sabía cómo ir y venir era medio “en teoría”, definitivamente sabía cómo llegar a Capital Federal (que no era poco, porque el club no quedaba en la colectora del acceso Oeste), pero este buen samaritano vivía en Munro, y como buen bonaerense no conocía Capital. Yo no hacía mucho que vivía en Belgrano, así que tampoco era ningúna referencia. Sí sabía como ir a mi casa por el camino que yo conocía, que obviamente no era el más rápido. Pero claro, (para mi) lo mejor cuando uno está apurado es llegar lento por donde uno conoce y no innovar.
Así que llegamos a mi casa, todavía con algún margen de tiempo (desde mi ignorante punto de vista). Pero claro… mmhhh… cómo hago para entrar a mi casa y que nadie pregunte nada (como si alguien estuviera pendiente de mi presencia dentro de mi casa, ese día), en fin… entré bien rápido, agarré el DNI y salimos velozmente -de nuevo- a Moreno (ya era la segunda vez en el día que iba hacia allá). Serían como las 15:00/16:00.
También dimos vueltas para salir de Belgrano hacia Gral. Paz y desde ahí hacia el acceso Oeste en dirección a Moreno. Llegamos al club, me cambié, entregué el DNI -que ahora que lo pienso no sé si realmente se lo mostraron a alguien porque el partido de mi equipo ya había empezado-. Jugamos y nos dieron un baile enorme.
Pero bueh, yo había cumplido mi objetivo y terminado el partido salimos del club (el de mi equipo era el último partido del día).
Cuando estoy saliendo, hablando con alguien, me tanteo el bolsillo del pantalón.
– LAS LLAVES DEL AUTO!??!?!! (las dejé en el bolsillo de la puerta del 147)
¡Qué lo re parió! ¿Y <fulano>?!? ¿Dónde está? ¿Alguien lo vió?
Nadie!, bah! yo sí, lo vi irse con su 147 por la calle del club a 200 metros de distancia.
En vano fue mi desesperada corrida hasta la calle y las aún más desesperadas señas que le hice por si, de casualidad, miraba por el espejito retrovisor.
¡Dios mío! Yo tenía el estereo del auto (mamotreto importante de esos que se sacaban enteros del auto) y también la alarma del auto que no era de esas que abren el auto, solo la desactivaba.
Claro, los celulares no era algo que todo el mundo tiene (no existía ni el startac todavía). Así que ya desesperanzado me decidí a ir con el micro del Club donde yo jugaba, con todos los pibes de las categorías más chicas, hasta Caseros. Acomodé el estereo en los clásicos guarda bolsos de arriba de los asientos y mordiendo la bronca esperé hasta llegar a destino. En ese momento -para mi- era la mejor opción. Ahí vivía mi novia, cuya madre tenía un auto y me lo dejaba conducir sin inconvenientes…
El plan era: agarrar el auto de mi futura ex-suegra (je!), recoger a mi novia y futura ex-esposa, irme para Belgrano, entrar muy sigilozamente a mi casa y tomar las llaves de repuesto que siempre estaban ahí, sin uso, entre todas las llaves del abultado llavero lleno de llaves que no se usan, volver a Caseros, dejar el auto prestado, ir a Moreno y buscar el olvidado. Simple, ¿no? Nadie se enteraría, las llaves olvidadas podían recuperarse hasta ese mismo día y acá no pasó nada!
Je! iluso de mi.
| Print article | This entry was posted by Daniel on 25 March 2008 at 16:27, and is filed under Cosas de la vida. Follow any responses to this post through RSS 2.0. You can leave a response or trackback from your own site. |